Bueno, como les había comentado anteriormente empecé a trabajar en una empresa del sector autopartista, y parte de mi entrenamiento para entender el funcionamiento de los sistemas de suspensión es actualmente, el trabajar como mecánico de patio. Es decir, ahora ando los sábados de overol y botas debajo de los coches aprendiendo desde la base como se realiza el mantenimiento preventivo y correctivo de los vehículos. Hoy no los voy a aburrir contándoles acerca de los vehículos, sino de algo que no solo me impresionó, sino que me ha conmocionado profundamente. Me refiero a la actitud de los mecánicos de patio y a la de los dueños del mismo.

Resulta que en mi primera experiencia en este sector, he tenido la oportunidad de trabajar con dos señores Don Alfonso y Don Orlando, personas maravillosas y talentosas en su oficio. Me enseñaron a bajar y subir muelles (sistemas de suspensión), a realizar mantenimiento a los ejes y a realizar adaptaciones a los mismos. -Hasta aquí todo parece perfecto- Pero lo que me mas me emocionó, fue ver como estas personas humildes en dinero pero magnánimos en espíritu, han sido absolutamente justos a la hora de reconocer con dinero mi esfuerzo. Bueno, Resulta que yo al vincularme como aprendiz ayudante, honestamente no esperaba ningún tipo de remuneración económica por mi ejercicio. Y sin embargo, cada vez que realizamos un mantenimiento, estas personas me daban parte del dinero recogido por la labor que realizábamos. Como podrán imaginar, obviamente no recibí un céntimo del dinero que me ofrecieron y les expliqué que prefería que me pagaran enseñándome aún más del tema. Pero aquí entre nos, les cuento que me gané $8.000 pesitos. –Se pueden sentir orgullosos, para ser un aprendiz, por lo menos el primer día me he ganado el equivalente al almuerzo y los pasajes-

Realmente impactante el alto sentido de equidad y justicia de estos excelsos trabajadores. Dios les bendiga por educarme en este ramo del cual realmente no conocía nada. Creo que siempre los recordaré en las aras en las que tengo a todos aquellos que han contribuido en hacerme un mejor profesional.

No tengo más que palabras de agradecimiento para la familia Hernández (Don Fabio, Doña Yolanda y La ingeniera Johanna) quienes no solo me dieron la oportunidad de trabajar para elevar mi nivel profesional, sino que me apoyaron y me acogieron de forma cálida y motivadora.

Anexo gracias a Ernesto quien me tendió la mano, mostrando que es un ser humano sencillamente esplendido, al igual que Víctor, David y Carlos.

Que bonito encontrar en la vida este tipo de personas… se han ganado un lugar en mi corazón y por lo mismo, ojala la vida multiplique con creces esta oportunidad -que en buena hora- me han dado de instruirme…

Que bacano encontrar Colombianos ¡berracos! Y buena gente como todos ellos…

Cuentan con mi amistad y mi cariño…

Solo me resta decir –como bien dijo Gustavo Cerati-

Gracias totales.

Les prometo que si me dan permiso, mas adelante –cuando vaya a terminar mi capacitación- me tomo unas fotografías con la gente y la publico para que los conozcan… por lo pronto se las debo.

Además una foto mía untado hasta el cogote de valvulina, grasa, aceite y gasolina… imagino que para los que estan acostumbrados a verme en corbata, va a resultarles bastante divertido.