En alguna ocasión tuve un profesor en la U al que se le conocía popularmente con el mote de “el diablo” y me dictó matemáticas II o cálculo integral. Recuerdo que este señor solía decirnos antes de los parciales (exámenes) “¿para que estudian?, eso mejor váyanse a cine o un parque que igual la nota va ser la misma…

Gracias a Cristina por dejarme en días anteriores un comentario en donde comentaba, que este mismo problema lo vive en su tierra (Barcelona - España) y por lo que veo puede ser un problema de todos nuestros países y del mundo. No lo recordaba, pero ya que ella hizo énfasis en este aspecto, les voy a dar mi opinión (quedo supeditado a sus comentarios y espero que charlemos este tema en forma de foro abierto).

Resulta que el Diablo y yo tuvimos un problema bastante fuerte en clase, porque me rebozó la copa al hacer uno de sus estúpidos comentarios. Yo estaba indignado y recuerdo que le dije: “profesor yo vine a la universidad a aprender, de hecho si yo supiera calculo ni siquiera tendría sentido que viniera a tomar su clase, así que le pido que en vez de estar haciendo ese tipo de comentarios se preocupe por enseñarme y hacerme entender su cátedra”… Como podrán imaginarse, ese semestre perdí la materia y con una de las peores calificaciones.

El siguiente semestre repetí con el ingeniero Ricardo y nada que ver con el profesor anterior, explicaba con ejemplos tan claros, que hasta las integraciones mas complicadas del cálculo se nos hacían tontísimas. Nos hacía ver los cálculos como si fueran libros básicos de coquito o de nachito “como el mismo lo decía” (libros básicos de educación primaria). El resultado de mi segunda experiencia es que realmente hasta el día de hoy puedo dictar clases de cálculo integral sin ningún problema.

Los maestros deben entender que en vez de complicar a los estudiantes con tecnicismos o lenguajes rebuscados, deben preocuparse por introducirlos a entender lo que ya está planteado de la forma mas sencilla posible, para que al adquirir rápida y claramente estos conocimientos sus alumnos, puedan mejorarlos y evolucionarlos, lo que al final (personalmente lo creo) representaría el objetivo principal de la educación. Sin embargo, detesto los profesores que se dedican a darse ínfulas delante de sus alumnos (una jauría de tontínes que van hasta ahora a adquirir conocimiento y que así el les diga mentiras estos se las creerían fácilmente… porque en vez de eso no lo hacen con sus colegas, a ver que tal les va) o que se regocijan burlándose de su ignorancia. Esto si es una completa idiotez y desdibuja el objetivo de la enseñanza desde toda perspectiva. De hecho, creo que este tipo de docentes deberían ser erradicados de los claustros, porque en nada benefician ni a los alumnos, ni a los centros, ni mucho menos al desarrollo de nuestras naciones.

No creo que el alumno deba extralimitarse con los maestros, ni defiendo desde ninguna perspectiva la vagancia de algunos estudiantes, pero no se debe desconocer que es responsabilidad de los educadores trabajar en que los alumnos que realmente deseen trascender a través de los conocimientos impartidos por ellos, cuentan con su apoyo y motivación.

No se debe olvidar que si las persona pagan un semestre de millones y millones en cualquier moneda del mundo (a veces con grandes sacrificios) lo menos que merecen es una educación de calidad y en eso las universidades a veces se pifian, porque no solo olvidan que sus estudiantes son sus clientes (lo que visto desde ISO en algunos casos es espantoso), sino que ellos serán la imagen de sus claustros ante la sociedad en el futuro. Lo que generaría una doble responsabilidad.

Yo tuve de los dos tipos de maestros, gracias a DIOS más buenos que malos, pero los malos realmente ¡hay Jesús!

Comentarios Bienvenidos.